miércoles, 9 de julio de 2014

Nadie Sabe

¿Bonito título, eh?
Nadie sabe, así, en general, como sin querer queriendo. Nadie sabe si su vida en los próximos seis meses será así o asá, aquí, allá, o de acuyá manera.
Y el caso es que no sabíamos, no, no lo hacíamos cuando nos presentamos para este programa, y ahora tenemos una importante arma: sabemos. Más que menos.


Ojo la de vueltas que he dado para justificar un título. Pero es cierto, nadie sabía que estaríamos aquí, en esta ciudad universitaria, compartiendo confidencias, momentos y murales (¡muchos murales! ¿¿es esto 5º de primaria y no me entero??) entre nosotros.
Con el idioma siempre como barrera y puente a cruzar, nos apañamos y vivimos al día, nuestras comidas dan cuenta de ello, pero también vivimos de ver cada día a algún otro de los nuestros que nos saca una sonrisa, porque puede y por qué no.
Y eso no quiere decir que todos sean sonrisas. Mirad, existe algo, una cosa tan sencilla, como son los recuerdos, y casi siempre son geniales y a veces nos hacen estar extraños. Extraños no de "bájate de la silla" sino de "hoy no me apetece hablar, nos vemos mañana". Ha habido de eso, y probablemente cada uno estábamos alerta cuando lo veíamos en otro.


Esa ha sido, principalmente, nuestra experiencia universitaria hasta el momento: convivir. Que no es nada sencillo, pero cuando se maneja bien da grandes sorpresas.
Dejad que diga algo, cuesta lo mismo ser simpático que asqueroso, y lo primero da más satisfacciones. Me alegra poder decir que todos aplicamos esa máxima por ahora.


Como las sesiones intensas de piscina y barbacoa cansan mucho, partimos hacia la playa el 4 de julio para ver los fuegos artificiales.
Y tan artificiales, como eran cuatro chispas mal contadas, con USA demostrando que ni se les ha ocurrido dar una vuelta por las Fallas de Valencia para tomar nota en unos cuantos años de independencia. Ok, compremos barco y sigamos instaurando el mito del Día de la Independencia, geeenial.

Eran horas raras, de mucho coche y calor, pero creedme, cuando llegas a una de esas playas infinitas (Long Beach), doradas, donde el sol escapa por el atardecer, las horas de coche quedan atrás y solo corres mientras Vangelis suena en tu oído a todo trapo.
Al final, y como casi siempre, son los tesoros ocultos, a los que nadie presta atención, que están siempre ahí, los que marcan la diferencia.


Al día siguiente, dormimos y desayunamos en el Barrio Motel (un motel al lado de Disneyland, Anaheim, donde las miles de familias se agolpan con sus tostadas, gofres y zumos en el bufet masticando groseramente para pasar un día en la tierra de la felicidad; pura trastienda de la felicidad americana) *No se llama así el Motel pero vamos a bautizarlo así, que me hacían gracia las FAMILIAS enteras durmiendo en una habitación*
Y luego San Diego, Meca del Cómic, gloriosa estrella de las ciudades americanas, gigantesco estadio de... de... ¿¿y la gente??
Pensé que era yo, que me había metido en una versión de San Diego a medio renderizar, o que a alguien se le había escapado un fallo en Matrix, pero el caso es que conducimos por calles con apenas cuatro personas hasta que por fin llegamos al Gaslamp Quarter, zona verdaderamente activa de la ciudad, llena de situaciones de cómic, gente de cómic y.... sí, ¡cómics! (qué raro)

(Podría decirse que es una ciudad en "cargando..." hasta que se celebre la Comic-Con)


La mayor impresión fue la última, visitando la zona de museos de San Diego, donde la nocturnidad nos sorprendió en un turismo curioso, casi ensoñador, todo cerrado claro, pero aun así mágico, con la impresión de haber viajado a Europa en medio de California.
Visitamos un anfiteatro vacío, diríase que olvidado, si no fuera porque por el día probablemente todos esos bancos al aire libre serían hierros al rojo que convertirían cualquier representación en un infierno. Lo prefiero así, calmado, rodeado de arte, en el lugar perfecto para dejar volar la imaginación cuando un autor dé el pistoletazo de salida.

Volvimos, cansados y ojerosos, sí, pero probablemente satisfechos.

La moraleja, si hay que sacar alguna, podría ser que, de alguna manera, los amigos que nos rodean ahora mismo van a ser los que nos saquen de más de un apuro en los próximos meses, los que van a estar al lado, y los que probablemente no nos dejen caer de la red.
Eso aprendimos, con suerte, y será lo que el día de mañana perdure.

A todo el que lea esto: probablemente haya pensado en ti alguna que otra vez en el lapso de esta última semana. Como no hacerlo.

Seguiremos en contacto.

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