Después de varios retrasos, vaivenes de aeropuerto y mucho cansancio (¿existe algo peor que la burocracia de aeropuerto?) llegamos a Los Ángeles, sin olvidarnos de haber pasado antes por la aduana de Nueva York: una extraña de nueva Ellis Island, donde los desheredados de Europa esperan pasar al país dorado que les promete su magnificencia y sus ganas de vivir la vida. Curioso.
Pero bueno,allá estábamos...
En Los Angeles, la ciudad del cine y del glamour, y de tó.
Lo que no te dice nadie de LA... es que es una convención de FREAKS. No solo extraños personajes ataviados de las más raras formas posibles, sino tópicos andantes que habrás visto en mil y un películas.
¿Pensabas que solo existían en el cine? JÁ
Más bien parece que el cine quiere enseñar gran parte de todos esos rarunos que nos hemos cruzado en la ciudad, consciente de que merecen ser vistos. Y son tan increíbles que no creemos su existencia.
Tras concursos de dudosa legalidad (un tío repartiendo dinero en medio de la calle a la gente que le acertara preguntas) vimos tiendas de todas las mayores tonterías universales con estampas de Harry Potter, Star Wars... pon una tontería en tu vida, que ahora las venden. Qué maravilla contar con estas tiendas.
Como digo, da la sensación de que LA puede ser lo que quieras que sea, y cada persona la vive a su manera, proclamando la fe que tenga en lo que sea a donde sea... y los demás lo permiten o hasta lo disfrutan porque estamos al lado de la fábrica de sueños, y los sueños, sueños son, que dijo alguien.
Una ciudad (o calle, habría que decir) chiflada como si misma, con los grandes carteles anunciando los pedazos de la cultura popular que se relanzan a las pantallas... solo aquí se podría dar un choque tan pintoresco como el Teatro Chino programando Transformers: La Era de la Extinción (que habrá que ver más pronto que tarde).
Las estrellas del Paseo, los grandes cines... probablemente sean lo que más se nos vende, pero quedan como un telón de fondo de este festival urbano.
Volvimos al aeropuerto para coger nuestras maletas, y hacer un breve viaje en carretera nocturna hacia Riverside... de estas carreteras nocturnas donde solo ves luces parejas avanzando en medio de la oscuridad. (Añadir música evocativa y éxito garantizado)
Riverside es como la típica residencia universitaria, en uno de esos barrios que parece sacado de un kit de Lego para gigantes, cada casa un bloque, cada bloque una utilidad. Parece erigida más por cabezonería de algún típo de dios que luego se fue de fiesta y se olvido de ella, dejándola en medio del calor y el polvo (maldito calor, y maldito polvo, oiga). Pero vista así parece menos de lo que es, y en realidad hay un curioso crisol de culturas conviviendo aquí, que le dan su aire característico.
Los posteriores días merecerán más exploración de este entorno donde esas culturas se chocan pero conviven.
Yo, por mi parte, me he acordado de los amigos y familiares ausentes, pero tengo la suerte de cada día contar con algún mensaje, alguna gracia rápidamente tecleada... cosas pequeñas pero esenciales, ni más ni menos.
La moraleja, si hay que sacar alguna, es que ayer era un fin (de la vida en Madrid, de nuestra cómoda rutina...). Hoy, ese fin era un (otro) principio.
A todo el que lea esto: sé feliz. Que yo no te voy a olvidar, y en este principio sigues estando aquí, en ese huequecillo que todos llevamos dentro.
Seguiremos en contacto.
Viaja, descubre, conoce, empápate de todo lo que el mundo va a ofrecerte y, sobre todo, VIVE. Es una experiencia única que te va a calar hasta los huesos y te va a cambiar y a hacer crecer. Exprímela al máximo y recuerda que la distancia no se mide en kilómetros siempre. <3
ResponderEliminarParece un buen plan. Habrá que seguirlo ;)
EliminarPENE
ResponderEliminarTú si que eres jrande. Lo demás es Forest Whitaker. O Brenton Thwaites.
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